Un suspiro es una forma de alivio casi siempre temporaria. Suele suceder
al final de una serie de pensamientos o sensaciones que producen una
especie de tensión. Antes del suspiro estamos tristes, preocupados,
emocionados, excitados, ensimismados en algo que nos contractura el
alma. En un momento dado toda esa tensión se resuelve, encuentra la
salida, y el suspiro permite el desahogo. Perdidos en nuestros
pensamientos, sin darnos cuenta de lo que está pasando, de pronto
hacemos una inspiración profunda, seguida por una expiración quizás
acompañada por un "aaah..." o un "mmmm..."; el suspiro. Más o menos
largo, más o menos corto. Y toda la tensión desaparece, y el aire que
sale de los pulmones funciona como un bálsamo, y el cerebro se alivia,
se relaja. Sentimos el consuelo de unos pulmones vacíos y una mente en
blanco y nos quedamos en paz.

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